Si hay un pequeño gran placer universal, atemporal, saludable, asequible y que puedes disfrutar en todo momento y en cualquier lugar, ese es el chocolate. ¿A que se te hace la boca agua?

Vamos a repasar a su historia, sus propiedades organolépticas así como sus diferentes tipos y aplicaciones en pastelería y repostería.

 

 

De todos es bien sabido que el cacao, su cultivo y su elaboración, tiene su origen en las culturas precolombinas hace tres mil años, hasta llegar a las culturas olmecas, mayas y aztecas. Lo que no todo el mundo sabe es que inicialmente se consumía como bebida y que incluso llegó a ser utilizado como moneda. El exótico y resistente fruto en forma de vaina con el agradable sabor amargo de sus semillas aguardaba, reservado, al paladar del ser humano.

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El cacao (o kakaw), tomado en formato líquido o semilíquido, era fundamental en dichas culturas ancestrales. No fue hasta el cuarto viaje de Colón que se tuvo contacto con dichas almendras, en esa ocasión con una función monetaria. Se piensa que fue Hernán Cortés el primer europeo que probó el cacao y, cierto o no, hay numerosos escritos acerca del cacao a partir de los siglos XVI y XVII. La palabra xocoatl (“agua amarga”) se comenzaba entonces a incorporar al castellano.

 

 

 

 

Esta nueva y exótica bebida venida de ultramar se incorpora pronto a las clases altas de la sociedad española de la época. Así, se une a otras bebidas similares como el café y el te y no es raro encontrarlas en chocolatadas asociadas a grandes eventos y reuniones sociales, donde se acompañaba generalmente de bizcochos, panes y otros dulces que se mojaban en el chocolate caliente. Su aroma original era suavizado también empleando azúcar, vainilla o canela.

 

 

 

(C)Guy Ackermans 2005

 

 

Además, también comienza a asociarse a usos medicinales, como aparece en Tratado de los Usos, Abusos, Propiedades y Virtudes del Tabaco, Café, Té, y Chocolate de Antonio Levada, un magnífico recetario del sigo XVIII, y donde también se menciona la obra italiana De Potione Chocolate, de Piperi. Como medicina era por lo general distribuido como reconstituyente en los hospitales.